Se ha convertido en algo frecuente encontrarnos a deportistas, de muy diversas disciplinas, copando las portadas y siendo ampliamente seguidos por los medios más sensacionalistas y amarillentos. Sus vidas, extradeportivas, con quién salen y a dónde van, dónde y cómo viven, dónde compran e incluso qué tiran a la basura. Parece que todo lo que rodea a los grandes deportistas, especialmente en el fútbol -por la relevancia y el seguimiento que tiene- posee interés informativo, aunque eso de informativo sea más que discutible.
Por todos es sabido que en nuestro país los programas que tienen mayor share son los deportivos y los sensacionalistas. Ambos se sitúan en los horarios de máxima audiencia y sirven, además, de carnuza informativa para otros programas. De este modo, vemos como a lo largo del día las mismas noticias van tomando cuerpo, siendo usadas por otros programas que, con un enfoque pseudoinformativo, dan las mismas informaciones.
Hoy la basura ha contaminado a los medios, en especial a la televisión, y a su vez, estos se han fijado en el deporte, en el que han visto un atractivo reclamo para que el público los consuma.
En los tiempos en los que vivimos, aunque parezca algo fantástico, siguen existiendo los héroes. Ahora, el sitio de Superman o Spiderman lo ocupan otros personajes de carne y hueso que no atrapan a delincuentes ni salvan la vida a ningún buen ciudadano en apuros. Ellos hacen otro trabajo no menos importante en la sociedad actual. Los héroes de hoy rescatan a la gente de sus aburridas rutinas, las emociona y las hace vibrar; por unos momentos las llena de vida. No es de extrañar, con estos argumentos, que la prensa rosa se fije en estos héroes y les de protagonismo en su universo.
Parece que hoy todo tiene validez informativa, todo se puede, es más, se tiene que contar. Los límites informativos son cada vez más amplios y lo privado y lo público van ya de la mano a todos los sitios.
En mi opinión, todo no se puede ni se debe contar. No todo es noticia ni tiene interés, a pesar de que lo vean varios millones de personas. Todo este tratamiento rosa que se da hoy a todos los temas, no sólo deportivos, no causa más que desinformación y adormecimiento mental y desvía el interés de otros temas más importantes. Este coqueteo que el deporte y la prensa rosa están viviendo no hace sino desvirtuar y quitar su esencia al primero, provocando que los valores en los que se asienta el deporte pierdan su solemnidad y se contaminen con la basura que arrastra el segundo.
Por todos es sabido que en nuestro país los programas que tienen mayor share son los deportivos y los sensacionalistas. Ambos se sitúan en los horarios de máxima audiencia y sirven, además, de carnuza informativa para otros programas. De este modo, vemos como a lo largo del día las mismas noticias van tomando cuerpo, siendo usadas por otros programas que, con un enfoque pseudoinformativo, dan las mismas informaciones.
Hoy la basura ha contaminado a los medios, en especial a la televisión, y a su vez, estos se han fijado en el deporte, en el que han visto un atractivo reclamo para que el público los consuma.
En los tiempos en los que vivimos, aunque parezca algo fantástico, siguen existiendo los héroes. Ahora, el sitio de Superman o Spiderman lo ocupan otros personajes de carne y hueso que no atrapan a delincuentes ni salvan la vida a ningún buen ciudadano en apuros. Ellos hacen otro trabajo no menos importante en la sociedad actual. Los héroes de hoy rescatan a la gente de sus aburridas rutinas, las emociona y las hace vibrar; por unos momentos las llena de vida. No es de extrañar, con estos argumentos, que la prensa rosa se fije en estos héroes y les de protagonismo en su universo.
Parece que hoy todo tiene validez informativa, todo se puede, es más, se tiene que contar. Los límites informativos son cada vez más amplios y lo privado y lo público van ya de la mano a todos los sitios.
En mi opinión, todo no se puede ni se debe contar. No todo es noticia ni tiene interés, a pesar de que lo vean varios millones de personas. Todo este tratamiento rosa que se da hoy a todos los temas, no sólo deportivos, no causa más que desinformación y adormecimiento mental y desvía el interés de otros temas más importantes. Este coqueteo que el deporte y la prensa rosa están viviendo no hace sino desvirtuar y quitar su esencia al primero, provocando que los valores en los que se asienta el deporte pierdan su solemnidad y se contaminen con la basura que arrastra el segundo.

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