Desde hace unos años los Sevilla FC – Real Madrid se han convertido en un espectáculo de renombre dentro del panorama futbolístico español. El Madrid, un grande del fútbol mundial y el Sevilla, un histórico malacostumbrado a la mitad de la tabla convertido en un grande europeo.
También hemos escuchado de boca del Director Deportivo de la entidad, Pedja Mijatovic, las denuncias al mal trato recibido en el palco del Sánchez Pizjuán por parte de algunos de sus ocupantes; desviando la atención a otros puntos de información que dejen de lado los comentarios al mal juego mostrado por el equipo de la capital.
La última cosa que me ha llamado la atención ha sido un artículo que hoy he leído en AS. Uno de los periódicos al servicio de la entidad blanca titulaba hoy: “Ellos primero pegaban…y después jugaban”. El texto, que no tiene desperdicio, incluye declaraciones de un jugador madridista, del que no se dice su nombre –bastante extraño-, diciendo: “Qué ganas le tienen al Madrid aquí. Ya veremos en el Bernabéu”. Además concluye explicando que las dos derrotas que el equipo ha sufrido en liga coinciden con los dos partidos en los que el Real Madrid ha sufrido más faltas. ¡Qué despropósito!
El partido no fue especialmente duro, y mucho menos se puede decir que lo fuera el Sevilla. Es más, si tenemos que tildar de juego duro y sucio a uno de los dos equipos, ese sería el Madrid. Sólo hay que ver el codazo que Diarra propinó a Crespo, quien estará un mes de baja con el pómulo roto, o el golpe que Adriano recibió de Guti y que le provocó una aparatosa hemorragia nasal. Además, Sergio Ramos fue expulsado y seis fueron las tarjetas amarillas que recibieron jugadores blancos, dos más que los andaluces.

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