El deporte se ha vuelto a teñir de sangre. El pasado fin de semana, los incidentes en Italia, Argentina, Rusia e Israel volvieron a llevar el luto y la indignación al fútbol y el baloncesto internacional. El fallecido en Arezzo era un hincha de la Lazio y tuvo la mala suerte de ser alcanzado accidentalmente, por el disparo de un policía. El aficionado argentino que perdió la vida en Mendoza lo hizo en cambio, a causa de un cuchillazo que recibió en la grada de Independiente Rivadavia. Por su parte, la víctima israelí, un auxiliar de pista de Jerusalén, sufrió la pérdida de tres de los dedos de su mano derecha por el estallido de una bengala arrojada a la cancha segundos antes. Por si todo esto fuera poco, dos incontrolados del Spartak le rompieron la mandívula al internacional finlandés Eremenko en Moscú este domingo.Cuatro sucesos sin conexión aparente pero con un factor común, la violencia en los eventos deportivos.
Los hechos tienen por desgracia, muchos antecedentes. Sólo en el Calcio italiano han muerto ya 18 personas y en el Argentino, la 'friolera' de 223. Sin ir más lejos, el pasado miércoles 7 de noviembre, un radical del Alianza Lima, en Perú, fue atropellado en la 'batalla callejera' que tuvo lugar minutos antes de que disputasen el 'clásico' del balompié peruano frente al Club Universitario. En España, los altercados provocados por el enfrentamiento entre grupos ultras fuera de los estadios -como los vividos en los últimos derbis sevillanos- o dentro de ellos -como los protagonizados en 2001 por radicales del Celta y el Athletic en Balaídos-, alcanzaron sus puntos más negros en 1998 y 2003, con las muertes de dos seguidores de la Real Sociedad y el Compostela a manos de radicales del Atlético y el Deportivo respectivamente.
Detrás de la mayoría de estas desgracias se encuentran los denominados ultras. Grupos de jóvenes con una estética concreta, determinada simbología política y una filosofía encaminada siempre a la apuesta por la violencia como único medio para defender un sentimiento. Llama la atención el crecimiento de estas minorías en países occidentales como España o Italia, donde incluso, se les da cobijo en algunos clubes por parte de sus dirigentes. Tanto en Suramérica como en el continente europeo, estas facciones violentas tienen 'nombres y apellidos', sin embargo, el cierre de estadios o las sanciones económicas no están teniendo las consecuencias esperadas.

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